El sueño de la tortuga

Morrocoy en plata.


Ella caminaba perdida pisando granitos de arena en la playa, se sentía ligera pero solitaria, todo era blanco y no podía diferenciar en dónde empezaba el cielo que era tan pálido como la arena que pisaba; se fue desesperando cada vez más, su tiempo se hacía veloz y no le gustaba, intentaba mirarse a ella misma y de repente se vió tan vacía que implotó.

Por fortuna todo fue un mal sueño, al despertar sus ojos estaban pesados, igual que sus patas, nuevamente estaba aferrada a la tierra y quizo abrazarla tan fuertemente que las flores de su caparazón se estremecieron, abrieron sus pétalos, desenroscaron sus hojas y unas gotas de rocío volaron, al caer al suelo, impregnaron el lugar con mil colores que expresaban su felicidad.



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