Esta instalación la hice a finales del 2007, son platos de barro con agua limpia dispuestos para que las palomas tuvieran un espacio exclusivo para beber, a la vez que se configuraba una nueva dinámica de comportamiento en torno del monumento. Recuerdo que lo más bonito fue detenerme a mirar cómo las palomas al principio eran muy reacias a probar, se acercaban y se alejaban, daban vueltas alrededor de los platos, poco a poco fueron cogiendo confianza hasta que una de ellas se aventuró a probar del agua que había ahí. Pasó un buen rato antes de que una segunda se le uniera, después de la tercera, todas las demás se fueron acercando de a grupos cada vez más grandes, hasta que ya todas supieron que era agua limpia que podían beber. La intención nunca fue hacer alegorías, analogías o simbolismos en exceso, al contrario, lo único que quise fue ofrecer agua a las palomas y modificar por una tarde las rutinas de este espacio. No obstante, viendo la reacción de las palomas...